En memoria de Juan Vega Mancinas. +
Le hemos puesto un altar aquí en la casa con algunas semillas que Tamara ha estado juntando, una veladora e incienso. Y estoy tratando de acomodarme a la situación de saber que Juanito ya no esta con nosotros.
Pienso en él, en Cuiteco y su gente, en las compañeras y compañeros del grupo de plantas, en CONTEC, y en el trabajo. Me queda claro que Juan murió estando en una íntima relación con nosotros, es pues un compañero de trabajo el que se muere, es también un amigo el que se muere.
Recurrentemente me abraza el pensamiento del mismo instante en que le dieron las puñaladas ¿Quién? ¿Por que?. Trato de imaginar lo que Juanito sentiría al verse en la situación de que le estaban quitando la vida. ¿Sabría que lo iban a matar? ¿Sería el consciente de que así sería su final? ¿Habrá tenido tiempo de pensar? ¿Cuales fueron sus últimos pensamientos? ¿Tú crees que lo asumió con la calma con la que generalmente veía las cosas?
De todas estas preguntas la imagen que veo de él, es asumiendo el desenlace final de su vida, muriendo sin miedo. Para mi Juan fue un hombre claro y feliz ¡Bien Tarahumara!
Siempre quise entrevistarlo formalmente. Platicábamos mucho porque pasábamos bastante tiempo juntos cuando yo iba a trabajar a Cuiteco, sobre todo caminando en la sierra. En la charla sobre el camino se me antojaba sentarme algún día con Juan para hacer su historia de vida, para reconstruir el origen de Cuiteco y hacer con el la historia ambiental del ejido.
Pero las visitas aceleradas, la carga de trabajo, en fin por cualquier razón nunca lo hice. La verdad es que me pesa.
Lo que me da ánimo es que Juan esta presente en todos los trabajos que hemos hecho, está su palabra y su conocimiento en los mapas, en el inventario de plantas, en las estufas LORENA, en la medición de la lluvia. Y también esta en la organización de la gente.
Juan estaba entre nosotros y sigue con nosotros.
Andrés Camou Guerrero.